XI La rueda que nos mueve

Días de otoño. Días de reflexión. Cuando el sol ya expira, el viento y la lluvia atraen la inspiración.

Pues sí, ya llevaba algún tiempo sin publicar nada. Si todo va bien a finales de este año estará lista mi primera novela, así como un tercer libro de poesía que he ido sacándome de dentro a lo largo de los últimos años. Mientras tanto, en estos días de frío que por fin han llegado (mis favoritos), sigo buscando a las musas en mi bosque particular al que todos habéis sido invitados. Pero hasta que llegue el momento de las próximas publicaciones, os voy dejando algo de hace años. Uno de esos poemas de desamor que quedan empolvados en un cajón hasta que llega el momento de que vean la luz.

Espero que lo leáis con el alma abierta y la lluvia golpeando las ventanas mientras os sentís a salvo en vuestro refugio.

 

XI

 

Hoy he recibido tu carta,

Y al leerla,

Se ha levantado mi mirada

Hacia el infinito que existe

En el cielo de mi habitación.

 

Quedé un momento pensativo,

Absorto,

En suspenso;

Y luego comenzó a recorrer mi cuerpo

Un ligero fervor…

 

¿A qué decir ahora las palabras

que prenden esta sinrazón?

 

¿No lo destrozaste?

¿No se ennegreció?

¿A qué decir que una coraza

envuelve ahora mi corazón?

 

Y que no sabes

De qué está hecha,

Ni qué guarda,

Ni como se la abre…

 

¿Acaso no lo sabes?

 

¿En qué se convierte el alma

cuando no destila los sueños

que el tiempo le arrebató?

 

¿En qué acaba la figura de arcilla

al cerrarse sobre sí, llena de ira,

la mano de su creador?

 

¿Y aún no lo sabes?

Pues yo te lo diré:

 

Esa coraza…

Es un bastión de estéril roca

Lleno con los versos de tu boca

Que he podido encarcelar.

 

Su guardián es una momia

Que adormece mi memoria

Con el sueño más profundo

Que se pueda imaginar.

 

Si el fulgor de tus ojos despierta

El recuerdo que ondea tras sus puertas,

De mi corazón, que aún te ama,

¿Quién se apiadará?

 

Esa coraza…

Es una caja de Pandora

Que palpita a cada hora

En que me vienes a buscar.

 

Está llena de lamentos,

De demonios y secretos,

Es mi alma ennegrecida

Que no quiere libertad.

 

Si tu voz arranca las bisagras

Que retienen la guadaña,

Cuando roce ya mi cuello

¿Quién la detendrá?

 

Y su interior…

 

Es un nido de tormentos,

De alimañas y esperpentos,

Un talud que se avecina

Y nadie puede apaciguar.

 

Pues la bruma que desprende

De la boca se hunde al vientre

Rebuscando en las entrañas

Cuanto pueda destrozar.

 

Si tus manos y tus pechos

Horadaran sus cimientos,

Cuando yazca en sus escombros

Dime ¿quién me sacará?

 

¿Quién me sacará?

¿Lo entiendes?

¿Qué sentido tiene entonces

venirme ahora a preguntar?

 

La coraza es una tumba,

Una tumba y dentro de ella

Lo que tú y yo soñamos,

Ahí se ha de quedar.

 

Si su lápida rompieres

por saber lo que contiene,

Al mirar dentro del nicho

¿qué crees que encontrarás?

 

Un alma y sus andrajos,

La razón hecha pedazos,

Mi conciencia diluida

Que te llama sin cesar.

 

Unas manos sin tus manos

Que ahora buscan sin atino

El corazón sobre el camino

Que ha quedado por andar…

 

Unos ojos que se cierran,

Un suspiro que te entierra,

Una voz que te suplica

Que no vuelvas nunca más.

 

Son esquirlas de oro y plata,

Mis recuerdos que se pudren,

Los fantasmas de una lumbre

Que la rueda, ha de apagar…