Poesía

I

¿Y cómo decís llamarlo?
¿Poesía?
¡Oh, Dios mío!
¿Acaso no es esa la verdadera tragedia?
Una palabra tan hermosa
que envuelve, sin embargo, tantísima pena...
Debiéramos, tal vez, cambiar su nombre,
o no volver a nombrarla siquiera.

Extracto de “De Sueños y Sombras, los escombros de la memoria.”

VII

Como un fuego voraz de muda calma
que acunase entre sus brazos el cuerpo,
en muerte dócil y tranquila
después del sufrimiento.

Como mil avispas poblasen la piel
de llagas carmesí, oro y argento,
mientras a un lado rieren otras mil
simulando goce y desenfreno.

Como un suspiro del brote celestial
que es preludio al crepitar eterno;
marabunta nacida en el corazón
que se extiende por las venas fingiendo.

Como dar caza al mismísimo diablo
tras dos y mil leguas de entierro,
para perder la vida al saciar la sed
en aguas colmadas de veneno.

Como negar la triste realidad
al despertar de un efímero sueño.
Como vivir sin vida y clamar muerte,
así fueron sus besos.

Extracto de “De Sueños y Sombras, los escombros de la memoria.”

XIII

Reacia como era por naturaleza
a mostrar de ningún tipo cortesía,
diose media vuelta con presteza
zafándose del brazo que la asía.

Y soltó sus palabras sin pereza,
aun a sabiendas del daño que hacía;
y lo hizo con tan magistral destreza
que pareció en su voz haber poesía.

Y dice el Señor que no hay tempestad
que al barco lleve siempre a la deriva.
Mas le diría yo a su majestad:

"Algo hay, Señor, que ni el tiempo esquiva,
pues la mujer, cuando se le hiere el alma,
¡eso no lo perdona mientras viva!"

Extracto de De “Sueños y Sombras, los escombros de la memoria.”

XVII

Del sentimiento que un día hubo, amada mía,
caprichoso entre nosotros, y arrollador,
he enterrado la mejor parte, para que no vuelva,
y lo que resta lo he guardado junto a mi dolor.

Así, del tiempo que aún tenga el cielo por concedernos,
juzgaré no con el alma, sino con la razón.
Pues, aunque vaya contra mi orgullo reconocerlo,
causando en mi alma medroso sentimiento, y desazón,
por grande y esperpéntico que sea este sufrimiento,
¡maldito sea por confesarlo!
Más grande fue mi amor.

Extracto de “De Sueños y Sombras, los escombros de la memoria.”

XXIV

El tiempo, dueño irascible y quebradizo de la angustia del recuerdo,
concedióme el deseo que tanto anhelaba con inmudable sonrisa en su faz.
Yo le pedí la cura del desasosiego que quebrantó mi libertad:

"¡Libra mi alma de tan pesada carga!
¡Devuélveme la ansiada libertad!
Postrado a sus pies, rendido a su juicio,
sometido a su voluntad...

Y él, señor de la paciencia y la ironía,
cosió mi corazón a fuego lento,
haciendo de mi memoria un erial.

Extracto de “De Sueños y Sombras, los escombros de la memoria.”

XXXV

Cubriréis de cirios mi alcoba,
y de rezos el aire que envuelve mi cuerpo;
en el ropaje que me sirva de mortaja,
el más vistoso, se desharán mis restos.

¿A qué tanta galantería, tanto esfuerzo?
¿Acaso por saber que os estoy viendo?
Dejad para los vivos lo que sea menester,
que aquí donde yo me hallo,
no preciso luz ni atuendo.

Extracto de “De Sueños y Sombras, los escombros de la memoria.”

XLI

Hacéis elogio a la aliteración verbal, 
en tanto olvidáis la elocuencia,
pues aquello en lo que habéis carencia,
es en armonizar palabras y verdad.

Habláis con la gravedad del herido,
mas no es de dolor, sino de sierpes,
el nudo que nace en vuestras mientes,
del que ya antes fui testigo.

Triste, muy triste,
es todo cuanto decís;
triste, muy triste,
mas quede así.

De todo cuanto he oído, nada pienso rebatir.
Permaneceré impasible, mudo, muy quieto,
no veréis en mis ojos brillo que hable de sufrir;
pero sabed que cuanto yo pienso, por respeto,
lo callo por siempre, y lo guardo para mi.

Así, que el tiempo que a mí me lleve
arrancarme de cuanto ahora sé la amargura,
lo empleéis vos, ese y mucho más,
sufriendo por cuanto no sabréis
ni aun tras la sepultura.

Extracto de “De Sueños y Sombras, los escombros de la memoria.”

XLIV

Manchadas sus manos de tibia sangre,
resarcido su dolor,
diose media vuelta para hacer frente
a la audiencia que pedía compasión.

El cuerpo yacía inmóvil, en el suelo,
lívido el manto de su yerma piel,
y aun orlada en sus pupilas la sombra,
parecía el muerto preguntar: ¿por qué?...

Hízose entonces el silencio entre los jueces,
un silencio ponzoñoso y sobrecogedor,
y tendiéndose la blanca luz sobre la dama,
adivinose en sus ojos lágrima de amor.

Su mirada era en verdad triste y comedida,
y su trémula carne al fin desfalleció,
al tiempo que se desplomaba sobre sus rodillas
parecieron sus labios susurrar: “perdón”...

¡Sublime! ¡Maravilloso! Pensaron aquellos
que aguardaban el fin con suma expectación.
La nube de pañuelos hizo temblar el palco
y hundiose el recinto en mayestática ovación.

Mas la dama, culpable, para sí misma repitió:
¡Oh! ¡Dios mío, Dios mío! Perdóname mi Dios ...
pues el trágico sainete que ahora represento
de alguna forma en vida, lo he escrito yo...

Extracto de “De Sueños y Sombras, los escombros de la memoria.”

XLV

Agradezco que hayas venido a visitarme,
ha pasado tanto tiempo...
Te estuve esperando, no sé si lo sabes,
se me arrugaron las manos y el pensamiento;
empalideció mi rostro con los años,
y hasta se me cayó el pelo...

Me harté de recorrer los viejos lugares,
me costaba deshacerme del recuerdo,
oía crepitar el fuego en los hogares
y no podía evitar pensar en el nuestro.
A cada llama que se alzaba,
o cada vez que sonaba un beso,
al contemplar a los enamorados
algo se me descosía por dentro.

Es verdad que pasé la vida anegado
a la consecución de un solo sueño;
aun ahora no lo he conseguido,
sin embargo el camino,
fue tan intenso...

No llores por mí, yo estoy bien,
en este lugar ya no veo mi vulgar reflejo,
no me dan miedo las alturas,
ni sufro el insidioso viento.

Ya no me molesta el ruido de este mundo,
pues sólo oigo el latir del firmamento,
y aunque las llagas cubren mi piel
ya no me turba el sufrimiento,
ya no lo temo...

Sepas que lo que no pude darte allí arriba,
aquí abajo te lo debo,
así pues, el día que abandones la vida,
aquí te esperaré, te lo prometo.

Te cogeré de la mano, para llevarte,
como en nuestra juventud solía hacerlo,
pues créeme, es mejor tener un guía
en el camino que lleva al infierno.

Extracto de “De Sueños y Sombras, los escombros de la memoria.”

L (A TODOS ELLOS)

A quienes me quisieron:
una vida entera de sonrisas y abrazos.

A quienes me eligieron:
pido perdón por haberme marchado.

A quienes me siguieron:
la promesa de no llevarles al fracaso.

A quienes creyeron en mí:
les dejo mi legado.

A quienes secaron mis lágrimas:
una más para dejarlos.

A quienes me dieron la paz:
un cirio rojo junto a su tumba para volver a encontrarlos.

A quienes confiaron en mí:
una Estrella del Norte para guiarlos.

A quienes me lloraron:
esperanza y la vida eterna a su lado.

A quienes me enseñaron:
toda mi sabiduría, y mi cuerpo, y mis manos.

A quienes me negaron:
la paciencia suficiente para verles cambiar.

A quienes me hicieron hombre de bien:
mi palabra y mi bondad.

A quienes me olvidaron:
una vela en el recuerdo que no vuelva a sucumbir.

A quienes por mí todo lo dieron:
todo lo que gracias a ellos conseguí.

A quienes me apoyaron:
la fuerza, el coraje y el valor.

A quienes me entregaron su corazón:
uno nuevo para regalarlo a alguien mejor.

A quienes me ayudaron:
una mano tendida para levantarlos.

A quienes me provocaron:
mi ira, mi silencio y una oración.

A quien me amó:
un último adiós y una llama eterna para que nunca muera nuestro amor.

Extracto de “De Sueños y Sombras, los escombros de la memoria.”

Un lugar para los sueños y las artes

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